domingo, 20 de julio de 2008

Las religiones i yo

Por lo que respecta a las creencias religiosas, he pasado por tres momentos a lo largo de mi vida. La primera etapa ha sido la de la infancia, unos momentos en los que aún no tenemos autonomía de pensamiento y construimos nuestra manera de pensar cogiendo de aquí y de allá las ideas, para incorporarlas tal cual a nuestra vida. Por eso creía en Dios, ya que mis padres y toda la gente que me rodeaba eran católicos y en él encontraba también la explicación a las cosas inexplicables para mí.
La segunda etapa comenzó cuando me percaté de que realmente lo que era inexplicable era la propia existencia de Dios y los inverosímiles relatos que se contaban en aquellos libros sagrados. Ya no creía en Dios, pero necesitaba una comprobación científica. No la encontré, ya que las ciencias empíricas pueden demostrar la existencia de algo, pero es muy difícil demostrar la no existencia de un fenómeno. Es como si intentáramos demostrar que los dragones no han existido. Que no encontremos restos de ellos no significa que no estén en alguna parte del planeta. Así que me declaré agnóstico.
En la tercera etapa encontré, al fin, una manera de demostrar que Dios no existe. Observé que en la anterior etapa me había equivocado de ciencia para la comprobación. Ahora recorrí a la Historia y en ella encontré una demostración clara y rotunda. A través de los restos arqueológicos se podía conocer el origen y la evolución del pensamiento religioso de la Humanidad. Es muy curioso como los personajes que se adoraban cambiaban a medida que lo hacían las relaciones de poder o los modos de producción. Las religiones pasaron de ser elementos de superstición a ser una herramienta de control social, político y económico. El Dios (o Dioses) pertinentes cambiaban el aspecto, bondad, origen o, incluso, su sexo, según conviniera a quien ostentara el poder. Con el Dios católico ocurrió el mismo: convenía a que pasara de ser un dios cruel y vengativo a un dios que perdonara los pecados. Se adaptó a la cultura romana cogiendo y asimilando los rituales precristianos del Imperio Romano, para hacerla más fácil de explicar a los nuevos creyentes. En definitiva, que los hombres hicieron a Dios a su imagen y semejanza.
Ahora ya puedo decir que soy ateo.

4 comentarios:

Germinal Valiente dijo...

Un artículo breve y ameno.

"Un jefe en el cielo es la mejor excusa para que haya mil en la tierra". BAKUNIN.

dXb dijo...

Muchas gracias por tu visita y tus comentarios.
¡Salud y Anarquía!.

=)


Pablo
Xx ESPERANZA xX

Rostam dijo...

Benvolgut amic Miquelet,

Creo que estamos en las antípodas en gustos y creencias, pero me gusta mucho tu blog, y en el asunto de las religiones, tu análisis es muy razonable incluso aunque la conclusión sea el invento humano de Dios.

Sabes que soy creyente y practicante, (xD, no talibán) pero acepto el componente de invención del hombre que indicas, pero bajo esa costra la religiosidad es algo propio del hombre; la necesidad de creer, o el ansia por lo espiritual es universal.

Moltes Gracies, Etxarri-Aranatzeko agurtzen zaitut.

miquelet dijo...

GERMINAL VALIENTE: No conocía esa cita. Apuntada queda.

DXB: No hay de qué. Gracias a ti por tener el blog y hacernos pasar unos buenos raticos leyéndolo.

Te ha faltado el "... y cerveza fría" Jejeje.

ROSTAM: Creo como nadie en la libertad religiosa de cada uno (siempre que no se imponga a los demás). Comparto contigo lo de que el hombre necesita creer en algo, pero debe creer en un código moral según el cual actuar. Es como un libro de instrucciones de la vida, que te marca el punto hacia donde has de ir.
Es en este punto en el que tú utilizas el catolicismo para ello y yo me baso en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (con la que también soy crítico en algún que otro punto.
Y como pasa con todo, hay cristianos y cristianos. Hay algunos que realizan una acciones encomiables y otros que son una auténtica lacra y que desvirtúan completamente todo por lo que dicen luchar.